Dad al César lo que es del César, dad a Dios lo que es de Dios

El Evangelio del pasado fin de semana nos ha recordado una de las frases más profundas de Jesús: "Dad al César lo que es del César, dad a Dios lo que es de Dios". Aunque Jesús lo utilizó para eludir un debate con los fariseos y los herodianos, ofrece una valiosa lección para todos nosotros. Todos nos esforzamos por equilibrar nuestras obligaciones mundanas -trabajo, familia, comunidad- con nuestras obligaciones espirituales para con Dios. A menudo, las exigencias del mundo eclipsan nuestro compromiso con Dios. Pero, como nos recuerda Jesús, debemos encontrar ese equilibrio. Debemos dar al mundo, pero es del mundo. También debemos dar a Dios, lo que es de Dios. Puesto que hemos sido creados a su imagen y semejanza, Dios debe ser siempre nuestra prioridad.