A todos nos cuesta perdonar

Cuando todos luchamos por perdonar, una de las cosas que a menudo olvidamos es que la persona que perdona gana más que la persona perdonada. Porque cuando nos quedamos anclados en nuestra ira, nuestro resentimiento, nuestro dolor, seguimos siendo la víctima. Permitimos que esa situación y lo que hizo esa persona sigan controlándonos en nuestra historia. Pero cuando elijo elevarme por encima del dolor, la rabia, la decepción, y elijo perdonar y dejarlo ir, recupero el poder. Ya no soy la víctima; soy yo quien controla la situación. Eso no quita que me hayan hecho daño. No mejora ni borra lo que hizo esa persona. Pero yo elijo. Soy yo quien decide dejarlo pasar, perdonar y dejar de permitir que me controle a mí y a mi vida. Por difícil que sea perdonar, nunca olvidemos que cuando perdonamos como Jesús manda, obtenemos más que la persona a la que perdonamos.