¿Por qué permite Dios el mal en nuestro mundo?

Es innegable que, como personas de fe, nos hemos enfrentado a una pregunta que resuena a través de las generaciones: ¿Por qué Dios permite el mal en nuestro mundo? Es una pregunta que afecta al núcleo de nuestras creencias, y está bien reflexionar sobre ella. Creemos en un Dios todopoderoso y amoroso. Entonces, ¿por qué ocurren desastres naturales, enfermedades como el cáncer y tragedias desgarradoras? La respuesta está en nuestro libre albedrío, un don de Dios que nos permite elegir el amor y la obediencia en lugar de la coacción. El mal nunca formó parte del plan original de Dios. Es nuestra propia desobediencia la que permite que se filtre en nuestro mundo. Dios anhela que le amemos voluntariamente, no por obligación. Y con esa libertad viene la triste realidad de las malas decisiones, que conducen al sufrimiento y al dolor a nuestro alrededor. En medio de esta oscuridad, Dios no quiere que suframos. Quiere que sepamos que nunca estamos solos, ni siquiera en las tormentas más feroces o en las horas más oscuras. Amigos, ésta es la esencia de la esperanza cristiana: no la promesa de un mundo perfecto y sin problemas, sino la seguridad de que, incluso en medio de las pruebas, Dios está firmemente con nosotros. Es posible que nos encontremos luchando con Dios en tiempos difíciles, cuestionando su presencia. Pero al mirar atrás, a menudo nos damos cuenta de que Él nos llevaba cuando nosotros no podíamos soportar el peso solos. La cuestión del mal en el mundo muestra que Dios puede revelar su amor y su poder, si confiamos en Él.